10 de julio de 2010

Diario de un salvadoreño (II)


Queridos amigos.
Volvemos de nuevo con ustedes para contarles ahorita mismo algunas de las tareas que estamos haciendo por acá, El Salvador. Básicamente, realizamos dos tipo de actividades: una física por la mañana y otra psíquica-educativa por la tarde. Hoy os hablamos de la primera.

Cada día nos levantamos a las seis y media de la mañana para tomar un rico desayuno que consiste en frijolitos, revuelto de huevo con jamón, panqueques, pan, pupusas (de vez en cuando) y, en ocasiones, bizcocho. Todo ello con bien de zumo y café. Para las siete y media de la mañana estamos ya montados en la furgoneta (o microbus de quince plazas) y enfilamos la autopista a Comalapa (la del aeropuerto) para tomar la salida hacia Santiago Texacuangos, que es el pueblo en el que trabajamos. Bueno, en realidad, vamos hasta Joyagrande un cantón de esa localidad que queda a una media hora por una ruta que sigue un camino tortuoso que quedó muy maltrecho tras las últimas riadas. No pasamos de los diez kilómetros por hora y tras cada curva rezamos para no encontrarnos con un camión, que también circulan por ese caminito. No obstante, la gente aquí es tan cordial y buena que cuando nos ven, se apartan a un lado y nos dejan pasar amablemente.



Como decimos, el trabajo físico lo llevamos a cabo en Joyagrande que es un poblado que quedó muy afectado por las últimas tormentas, con varias víctimas mortales y pérdidas materiales. Allí nos han pedido que ayudemos a rehabilitar la escuela y la casa comunal. El primer día, en dos grupos separados, estuvimos moviendo troncos, cargando techos de uralita y removiendo tierra. Los días siguientes, algunos comenzaron a pintar varias aulas que quedaron anegadas en fango y, otros, siguieron cavando y transportando tierra y piedras.

La verdad es que es un trabajo bastante duro, pero que hacemos "la mar de a gusto" porque acá la gente no tiene casi nada y nos dan bastante ejemplo de cómo pelear y vencer las adversidades (que las tienen de verdad, no como las nuestras, que hemos estado educados en ambientes bastante suavecitos). Por ejemplo, a la escuela acude una niña que acaba de perder hace tres semanas a su madre y a su hermana en las riadas y ya está soprepuesta. Y es que en el colegio podemos tener trato con los alumnos, muchos de los cuales se levantan a las cinco de la mañana para trabajar en el campo e ir a la escuela después. O bien, van primero a la escuela y, luego, a currar al campo, tras hacer los deberes. Por su parte, varios médicos de Fase 1 se dedican a dar asistencia sanitaria a los lugareños. El otro día, por ejemplo, estuvieron vacunando a los niños de la escuela. Pero de eso ya hablaremos más adelante.



El equipo de pintura.


Juan Ambrosio dirigiendo los trabajos de pintura.


Ale y Joserra cargando carretillas de arena.



Miguel cavando.


La casa comunal que hay que reconstruir.


Con algunos de los peones locales.


Carretilla va!



Pico y pala.

Joserra, Ale y Miguel, recogen arena que dejó las riadas (al fondo pueden verse algunos de sus efectos)

Pintando una de las aulas de la escuela de Joyagrande.


Más pintura.

1 comentario:

  1. GRANDES! Recuerdos para todos, un abrazo grande desde Murcia! Sergio

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