
Cena de despedida con algunas de las familias y amigos que nos atendieron. ¡Muchas gracias por todo!
En los próximos días iremos publicando más fotos y noticias de nuestro reciente campo de trabajo en
El Salvador. Ahora, de momento, os dejamos unas imágenes de nuestro accidentado viaje de regreso a la madre patria, España. Accidentado porque comenzó con un tormentón tropical a las cinco de la mañana y terminó con un tormentón provocado por la huelga de controladores franceses y españoles que hizo que perdiéramos las maletas: no todo iba a salir perfecto.
Pero vayamos por partes. Como decimos, nuestra jornada comenzó a las cinco de la mañana hora salvadoreña (13,00 de la tarde acá) del día 20 de julio. Llovía a mares por culpa de un nuevo frente tropical. A las cinco y medía debíamos tomar un carro que nos llevaría hasta el aeropuerto, pero apareció a las seis menos cinco porque no se aclaraba el chófer dónde estaba el colegio. Luego casi se pierde al llevarnos al aeropuerto porque el pobrecillo era de Guatemala, sólo llevaba unas semanas en El Salvador y no conocía bien el camino.
A nuestra llegada al aeropuerto, Fermín tuvo problemas con su nuevo pasaporte y casi no puede montarse en el avión de regreso. Gracias a
Taca, la compañía bandera de Centroamérica, pudo resolver el problema. Tan apurado estaba que los tipos, sin decírselo, le dieron asiento en Bussiness junto a Joserra, que le estuvo ayudando a tramitar el permiso por teléfono. Luego nos anunciaron que el vuelo que debíamos tomar llevaba una hora de retraso, con el peligro de perder nuestra conexión con el vuelo Miami-París. Pero, una vez más, Taca nos coló en otro vuelo que salía hacia Miami a los quince minutos de anunciar este retraso y pudimos llegar sin problemas. Increíble lo de esta compañía aérea, que recomendamos vivamente a todas las familias de Belagua y de la Universidad de Navarra.
Los problemas de verdad llegaron al aterrizar en Miami. Por culpa de la huelga de los controladores aéreos de París, el vuelo de
AirFrance Miami-París se retrasó 45 minutos y acabó despegando otros 45 minutos después de embarcar porque los del servicio de avituallamiento no habían subido todas las comidas. Total, que nuestra conexión París-Barcelona se iba a pique definitivamente. AirFrance, no osbtante -que pasaban un poco de ti, la verdad- nos dijo antes de aterrizar que nos colaba en otro vuelo que salía a la una de la tarde hacia Barcelona. Pero claro, muchos de nosotros perdíamos así nuestras conexiones en España. No obstante, al aterrizar y al ver que aún nos quedaban 20 minutos decidimos correr para tratar de coger el avión. Pero no hizo falta tomarse esa carrera: la huelga retrasó la salida del vuelo una hora y cuarto, pero al menos llegamos a tiempo para embarcar, cada cual, en su vuelo nacional correspondiente.
Al llegar a Barcelona e ir a recoger las maletas, vimos que Air France las había cargado en el vuelo siguiente y tuvimos que poner un reclamo. Felizmente, hoy las hemos recuperado.

Fermín, apurado al saber que quizá no volaba hacia Miami.

Todo resuelto gracias a Taca, pero Fermín aún no se recupera del susto.

En Miami.

Joserra, Zubi y Fermín se perdieron por el aeropuerto.

Llega nuestro jumbo de AirFrance. Mucho peor que el anterior, éste jumbo era viejo e incómodo.

En el macDonalds de la terminal.

Fermín duerme la tensión acumulada.

Esperando para embarcar.

Dentro del 747-400.

Despegando de Miami.

Miami Beach desde el cielo.

Zubi.

Tomando L'apéritif: cuatro galletitas saladas.