Jesús Mari, mítico portero de Fase 2, nos sorprendió a todos los residentes al salir como protagonista de un reportaje a doble página en el Diario de Navarra, el periódico líder de la comunidad foral y uno de los más prestigiosos de España. Por su evidente interés reproducimos íntegramente el texto del reportaje, en el que subrayamos en amarillo las intervenciones de Jesús Mari."Anda, hijo, manda tú el mensaje"Los hijos se han convertido en los expertos en nuevas tecnologías de muchos hogares. Saben más de ordenadores que sus padres, escriben un sms con mucha más soltura y están al corriente de las últimas novedades en videoconsolas. Esta nueva generación se ha convertido en "maestra" de la de sus padres
EMS kdao a ls 5 n kasa d maría xa ir a dar 1vuelta x ai. No yegs tard. Yama a pat. Bss".
Si tiene usted más de 40 años, y le llega este mensaje a su móvil probablemente le costará un rato descifrar que le están citando a las 5 en punto en casa de una tal María para salir a dar una vuelta, y que tiene que pasar la ronda a otra tal Patricia. También es posible que no sepa hacer llegar a su interlocutor su estado de ánimo con una sola tecla del ordenador, y que no controle todos los secretos del FIFA 2007. O que le cueste un rato cambiar la hora del microondas, o asignar una melodía distinta para cada contacto en su teléfono móvil, o descargarse una película del emule.
Éste es el caso de los protagonistas de este reportaje. Mejor dicho, de la mitad de ellos. Son tres padres de familia, de entre 45 y 50 años. Utilizan ordenador, móvil e, incluso, algunos se animan a echar una partiditas con la consola. Se desenvuelven, vaya. Pero los maestros de la casa en este ámbito, como en tantos y tantos hogares, son sus hijos.
Lidia Axpe (44 años) no tiene ninguna duda: "Mi hijo Nicolás (13) sabe usar el ordenador muchísimo mejor yo. Cuando tengo que pasar algún trabajo al ordenador, muchas veces lo hace él, porque tiene más rapidez escribiendo. Y le consulto muchísimo", reconoce. Y es que es frecuente que los más pequeños se manejen con mucha mayor soltura en el universo de los ordenadores, los móviles, las videoconsolas, los mp3 o los aparatos de DVD que los adultos. "Tardo diez veces más que mi hijo en escribir un sms. Si tengo prisa, le digo: anda, Nico, escríbele tú el mensaje a la tía", prosigue Lidia.
Otro caso curioso es el de Jesús María Martínez y su hijo Adrián, de 42 y 10 años respectivamente. El pequeño todavía no tiene teléfono móvil, pero le da mil vueltas a su padre en los juegos del teléfono. "Me lo coge, y me lo deja sin batería. Yo no les hago ni caso, pero me los descargo para él", ríe Jesús. En cuanto a la informática, padre e hijo parecen no estar muy de acuerdo. "Es pequeño, de momento no usa mucho el ordenador, más en el colegio", esgrime el primero. "Sí, claro, porque el de casa es muy poco potente, es un Windows 98, que a ver cuando lo cambias", dice con una sonrisa pícara Adrián. También la Nintendo DS es dominio infantil. "Siempre le gano en el FIFA 2006", se ufana el hijo. "Sí, es verdad, no me atraen mucho los videojuegos", dice Jesús María.Utilidad y diversión
Y es que el grado de diversión es otra diferencia en el modo en que adultos y jóvenes se relacionan con las nuevas tecnologías. Los primeros, en general, recurren a ellas buscando la funcionalidad. Para los segundos, en cambio, suele pesar mucho más el factor lúdico: es un modo distinto de relacionarse con los amigos. Es el caso de José Javier, de 47 años, y su hija Patricia, de 15. "El lenguaje de los sms lo puedo llegar a entender, pero desde luego que nunca lo utilizaría, porque no le veo la utilidad: yo también escribo mensajes, pero me limito a decir lo necesario. Mi hija y sus amigas se cuentan la vida por el móvil, no me extraña que necesiten abreviar". Y si no les basta con el móvil, también recurren al Messenger, otro terreno vedado para los padres. Eso sí, siempre durante el fin de semana en el caso de Patricia. "Sí, me gusta chatear con mis amigas. Pero soy responsable, y me mido el tiempo", asegura. Igual que con el móvil, que le acarrea un gasto de entre 5 y 10 euros al mes. "Nada comparado con algunas de mis amigas", ejemplifica. Tampoco entiende muy bien la utilidad del Messenger Lidia. "No me gusta, me parece una pérdida de tiempo. Si tiene algo que contar, para eso está el teléfono. Pero a Nico le encanta", contrapone.
L
idia, José Javier y Jesús María coinciden en que es positivo que sus hijos dominen las nuevas tecnologías, y que ello les conlleva la necesidad de ponerse al día para no quedarse descolgados. "Intento hacer algún cursillo para actualizarme", apunta Lidia.
"Soy plenamente consciente de que en poco tiempo mi hijo va a saber el doble que yo, así que procuraré no descuidarme", ratifica Jesús María. También se muestran de acuerdo en que es necesario someter a sus retoños a un control, desde limitar el horario para jugar a la consola hasta intentar vigilar con quién hablan por Internet. "Me gusta que Patricia esté en una habitación con todos los demás cuando habla por Messenger, y así suele ser. Internet puede ser peligroso si se utiliza mal", opina José Javier. Además, tanto Patricia como su hermana, de 11 años, tienen móvil propio, pero fue una decisión paterna. "Queríamos una manera de que estuvieran localizables", argumenta.
"Dosificamos los ratos que Adrián puede estar con la Nintendo. Entre semana, nada de nada", apunta Jesús María. Igual ocurre en casa de Lidia. "Todo sin medida es malo. Lo que intento con Nico es que él mismo se cree sus controles", argumenta. "Me parece horrible que haya niños que apenas salgan de su habitación. Se llama bedroom culture, y está llegando a España", informa Lidia. "Empezaré a preocuparme el día que Nico prefiera jugar con la consola que estar con sus amigos", prosigue.
En el mismo sentido se manifiesta Jesús María. "A Adrián le encantan los videojuegos, pero siempre prefiere hacer deporte, o estar con sus amigos. Así que, de momento, estamos tranquilos. "